Por las nubes

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Pues si que era buena, si, La famila Coleman:

Argento-realismo
Sólo faltaba el árbol de Navidad para completar el retablo patético de la familia. En este caso, con apellido Coleman, aunque podría tratarse de cualquier otro apellido. Claudio Tolcachir profundiza en el esquema social occidental más básico para entender el mundo en el que vivimos. Una familia sostenida por el amor de la abuela y hacia la abuela. La locura está instalada, la discapacidad acampa a sus anchas, de mano de la pobreza, la indigencia y el delito. La vida terrible por cotidiana, se normaliza hasta la comedia. Es la tragedia contemporánea, iniciada por los grandes autores realistas y de la que bebe el autor y también director. Y en la tragedia, el golpe inminente es la omisión, el silencio mantenido en silencio. ¿Qué familia no ha vivido sobre ello? La muerte del patriarca suele abrir la espita de las rencillas, y el campo de batalla es la herencia. En este caso, ¿cuál es la herencia si ya todos están desahuciados?
Si dijéramos que los actores vivencian el texto desde la emoción, la verdad, o la memoria sensorial, estaríamos cayendo en el erróneo análisis que llevó al descrédito el realismo de los años sesenta y setenta. Es Argentina y allí, donde la lengua y el lenguaje tienen una capacidad de absorción enorme de los procesos sociales, es donde se está iniciando esta revolución del habla escénica. No se actúa, no se interpreta. No es teatro de la emoción, sino que es lenguaje en estado puro como práctica escénica de la comunicación. Su capacidad lingüística es tal que está abriendo nuevos caminos para la interpretación. Estamos ante el argento-realismo, que merece un estudio más profundo y específico.
Por último, querría destacar el trabajo de las actrices, sin demérito de los actores, por el gran trabajo de presencia, cuerpo y habla escénica que realizan. Especialmente la madre, Miriam Odorico, con un magnetismo que le es propio, y que permite que el trabajo minucioso sobre el personaje que ha realizado se configure como uno de los mejores que hemos visto en el Festival.
Esta obra necesita ser vista varias veces, y lamentablemente, en una programación de un Festival de una duración tan corta, sólo se ha podido ver en seis ocasiones. Esperamos que nos puedan volver a visitar con este montaje, y con próximos, para ver la evolución de una compañía que se nos presenta por primera vez en España.
Domingo Ortega 07/11/2007 - Ophelia

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