Ciclo La Americana 2011. Creadores de teatro hispanoamericano.
D.
Blog Post-Sabático
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El alma en un hilo (Sólo se muere una vez)
Cía. Luca Nicolaj (Andalucía) / Teatro
Del 29 de septiembre al 9 de octubre 2011
De jueves a domingo / 20h.30
Estreno absoluto
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Denise Despeyroux en círculos de amor con El corazón es extraño
La autora se divide entre la comedia y la tragedia en su nuevo trabajo escénico
14 de septiembre de 2011
Julio Castro – laRepúblicaCultural.es
El sofá, la butaca mecedora y unas cartas de tarot, parecen ser algunos de los lugares comunes que encontramos en las obras de Denise Despeyroux. La butaca como lugar de exhibición, el tarot como curiosidad por un sentimiento desconocido y ajeno al mundo, y el sofá que, además de punto de reunión, parece ser el lugar donde se desnudan los personajes, donde intercambian, donde se establecen y donde toman decisiones, como si de un diván de psiquiatra se tratara. Tal vez quiera ser precisamente esto, tendré que preguntarle. La imagen y el simbolismo parecen acompañar sus trabajos, y es lógico, porque como escritora y dramaturga quiere reflejar en la escena el ambiente que crean sus palabras en los textos, y es una forma de hacerlo.
Pero no quiero perderme tanto en los detalles (que serían casi un libro aparte), porque ya la obra tiene suficiente complejidad como para que me disperse.
Estamos ante un nuevo estreno de la autora uruguaya, de la que hace unos meses dije que parecía estar en vías de cambio, pero que contaba ya con un trabajo a medias, El corazón es extraño. A caballo entre las anteriores sagas de la muerte, u otros textos previos, y una línea posterior de trabajo, nuestra autora se vuelca y se desnuda en gran medida dentro de esta obra, en la que veo un tremendo reflejo en el personaje principal el núcleo de la trama, en detalles, pero también en el fondo.
En definitiva, los tres personajes que maneja, Violeta (la protagonista, comprometida con cualquier amor propio o ajeno), Víctor (amigo de su hermano y desesperado de amor) y Andrés (hermano de Violeta y negado para amar), junto con Nadia, de la que Víctor está enamorado, pero que no aparece, el clon de Nadia, que sí aparece pero transformada en un clon de Violeta, y el crítico César Ignacio Morente, que tampoco aparece, y con el que Violeta se relacionará, acaban trazando círculos entorno a la protagonista. Círculos que se entrecruzan y que definen más que un espacio común de Violeta, porque son las distintas formas de amar que rodearán a nuestra protagonista.
Una primera mitad con más humor, dará paso a una segunda parte más cargada de tragedia, pero nunca falta el estilo del deje con el que Denise hace levitar las cosas entre personajes. Contrasta esa escenografía tan clásica y recargada, con el concepto de modernidad que da el laboratorio instalado en el sótano (La Caverna), por Andrés, el hermano de Violeta. Es otra forma de dar un nuevo contraste a los personajes y a su sustancia.
Si el amado de Violeta es el amor anhelado, que no llega a adaptarse a su deseo o a su idealización del mismo, el hermano refleja un amor prohibido, que acabará por reconstruir Andrés a partir de una figura ajena (que, seguramente, tampoco le podrá satisfacer). Y por último, Víctor, muestra el amor desesperado que su auténtico deseo no es capaz de comprender hasta que es tarde. Estamos, por tanto, ante una situación de completo desamor y de absoluto caos de las relaciones, que nadie es capaz de resolver aunque todos los personajes anden rondando esa necesidad.
Es difícil (si no imposible), abarcar de manera sintética toda la simbología del trabajo de Denise, desde el juego con el sofá, donde se entrecruzan las relaciones afectivas entre personajes, o que sirve para una breve reflexión de Violeta antes de la decisión final… o el juego entre músicas, como esa traición de Haendel con El triunfo del tiempo y la verdad, que parece querer abrir los ojos de algo inevitable, pese al rechazo que produce a la protagonista… acaso también a la autora.
Una iluminación lúgubre, que quiere dotar de espacios de reflexión interior, describe un lugar común repleto de contenidos, y esconden una caverna de terror más que de futuro bajo la casa. Tal vez un efecto más definitorio de las luces diese más juego desde la agilidad y enmarcasen más las ideas, o tal vez no se quiera arrojar mayor claridad que la de la sencillez y el amontonamiento de las vidas.
A Quique Villar (o Quique Fernández, ahora en el papel de Andrés), pudimos verle en El guante y la piedra, donde en su papel de boxeador pasaba por la situación de víctima. Ahora su interpretación le transporta a un personaje más duro que, pese a algunos comportamientos que le pueden hacer despreciable, en el fondo le han convertido en víctima de su situación. Una víctima más despiadada, porque está exenta de ternura, que no de amor como se quiere mostrar.
Rosalía Cigana (o Rosalía Martínez), se encargó precisamente de dirigir el anterior trabajo de Quique, y ahora asume el papel principal en el trabajo de Denise Despeyroux. No tiene una posición sencilla, porque además hace el doblete como clon de Nadia (o Nadia 2), así que se encuentra a caballo entre un personaje excesivamente profundo, pensante, reflexivo y culto, y otro no formado, sin posibilidad de establecer una relación adulta, quizá sin siquiera emotividad: tan sólo coinciden en el sufrimiento, donde se conectan cada noche por medio del sueño.
Ricardo Reguera conduce el papel del amigo de Víctor, un ser confundido por un amor no correspondido, que acaba haciendo de nexo, pero también de separación, en ese lugar donde reside una amistad que puede convertirse en algo más, pero que no se define cuando debe.
Como en clave poética, la autora quiere trasladar la importancia del desamor hacia la fundamental existencia de la amistad, como equilibrando un peso que no tiene equilibrio posible, aunque ofrezca una alternativa opcional.
Tal vez por eso, el colofón de este texto pone el acento en algo que abarca a todos sus personajes (aunque a la salida me percato de que hay quien sólo lo atribuye a la protagonista), porque todos ellos, sean los que aparecen como los que sólo son citados, forman una trama sin la cual no se comprende el devenir de los acontecimientos: “Amar sin esperanza es sobrevivir al desamor logrando que quede intacta la ternura”. Quizá el análisis profundo diera para un tratado sociológico de los personajes, pero antes que eso, recomiendo al público que lea sus anteriores textos, porque además de disfrutar del humor de la autora (con mayor peso en otras obras), comprenderán muchas vías de exploración a partir de su trabajo.
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El corazón es extraño o la atribulada muerte de los vivos no es sólo una verdad irrefutable o de Perogrullo, también es el título del montaje que el Teatro Pradillo acoge hasta que termine el presente mes. Denise Despeyroux, la autora y directora del espectáculo y una habitual de los circuitos independientes, disemina generalmente preocupaciones con cierto carácter existencial y una inclinación filosófica y metalingüística, cuando no estética, de la intersubjetividad y de los trasuntos que atañen al corazón y su insondable condición, sus caprichos, sus paradojas, sus recovecos, sus insensateces y sus bravuras, sus apariencias, su deleite y dicotómicamente, también, su magulladura. El texto que ha escrito para este montaje con la madrileña Compañía Teatro de la Intemperie es, si acaso, un esfuerzo de nuclearización de sus intereses más pródigos sobre el saetado por Cupido (y su ontología, su literatura, su poética, su palabra) y un alegato melancólico y alegórico en el tono, y trágico en su narración, sobre su triste y angustiosa soledad cuando no es correspondido y la absoluta tiniebla en la que, perdiendo el control, a uno le abandona su desesperanza. Este tema fundamental (o mensaje con distintos niveles de lectura) se hace paralelo al de la improbabilidad de encontrar mecanismos de control para tal sentimiento y, sobre todo, a la incómoda tarea de su estudio a través de la sistematización y con el sueño de una fantasía científica con antagónicas razón y emoción. En su fondo, la desvalidez y lo monstruoso como productos de su mal. De su inmanencia esquiva. Del mal de amor.
Con un tejido retórico, pseudo-psicológico y apelando también a la ciberbiología o la bioética (y los sueños aberrantes que su trasgresión puede operar), la autora se desenvuelve con un texto, quizás, demasiado extenso y algunos momentos descompensados en la rítmica que lo estira. Afortunadamente, el elenco formado por Violeta Rosalía Cigana, Andrés Quique Villar y Víctor Ricardo Reguera, que también ostentan sus nombres en escena, salvan algunos obstáculos de lectura, el abuso de conceptos o de recursos intertextuales (Goya, Chéjov,Benjamin, Yeats, Händel, entre otros) y aterrizan formalmente el núcleo (a veces delirio) de la historia. Víctorama a Nadia y sufre por ello en tanto que su amor no es correspondido. Con la herida acude a casa de su amigoAndrés, un ex - compañero de la universidad con ambiciones experimentales poco deontológicas en su labor científica obstinada en la vida artificial. Andrés vive con su hermana Violeta, una traductora y ensayista demasiado preocupada con la intelectualización del amor y con los remedios psicológicos y pseudofilosóficos para la supervivencia de la vida cotidiana que, no obstante, intenta ayudar al amigo de su hermano al tiempo que ella es seducida (y también aletargada y malherida) por un idilio con un crítico literario. El consuelo y el apoyo que se dispensan ambos tórtolos desamparados despierta en el desahogo la idea de cierta unión trascendente más allá de las lindes de la empatía y la amistad. Pero, entre encendidos y apagados de elipsis constantes, Andrés también ha estado maquinando un remedio para Víctor: lágrimas de amor correspondido para la clonación de una Nadia para su amigo. Aunque, reparando en las palabras de su autora, la verdad y el desengaño nunca serán lo mismo.
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Desde el 8 de septiembre contaremos con el último estreno de la autora Denise Despeyroux, habitual colaboradora del dramaturgo José Sanchis Sinistierra, que muestra su obra “El corazón es extraño”.
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Algo de ruido hace
Cía. Lautaro Perotti (España / Argentina) / Teatro
Continúa en cartel hasta el 26 de junio 2011
De jueves a domingo 20h.30
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METRÓPOLI | En el Festival de Otoño en Primavera
José Luis Romo | Madrid
23/05/2011
Lautaro Perotti: 'En Buenos Aires hay mucho más teatro'
Lautaro Perotti
Impresionó a la crítica con su imprevisible Marito de 'La omisión de la familia Coleman' y ahora es uno de los grandes protagonistas del 'Festival de Otoño en Primavera': actúa en 'El viento en un violín', la esperada tercera obra de Claudio Tolcachir, y además, muestra su faceta como director en 'Algo de ruido hace'. Lautaro Perotti lo tiene todo para convertirse en el chico del momento de nuestra escena.
Lo suyo es un no parar...
Sí, por fortuna los productores son los mismos en las dos obras y me lo han puesto muy fácil. Con 'Timbre 4' (la compañía de Tolcachir) somos como una familia y todo ha ido rodado, y en 'Algo de ruido hace' también hemos hecho mucha piña, como dicen acá.
¿Por qué decidió dirigir?
Yo me siento actor, pero era una aspiración que siempre tuve. Apareció esta obra que me encantó y todo se precipitó vertiginosamente. La hemos montado en poco más de un mes.
Su pieza, al igual que en 'Los Coleman', hurga en el microcosmos de la familia...
Sí, habla de dos hermanos cuya vida se queda parada con la muerte de su madre hasta que llega una prima, muy vitalista, y pone su vida patas arriba. Habla de cómo ella modifica su vida y ellos la de ella. Me enganchó porque es una obra que hace pensar y también muy entretenida.
Dirige a actores argentinos y españoles, como Eloy Azorín. ¿Hay diferencias?
Por mi experiencia en esta obra, no noto ninguna. Me encontré con gente con mucho talento, que además son buenas personas.
La sombra de Tolcachir se va a cernir sobre esta pieza...
Lo sé, es algo a lo que no puedo escapar, porque llevamos trabajando juntos toda la vida. No pretendo distanciarme de él ni acercarme, ni nada. No sólo con Claudio, sino con toda la compañía, mantengo una idea muy fluida sobre el trabajo.
Como conocedor de las carteleras de Madrid y Buenos Aires, ¿se pueden comparar?
Bueno, la verdad es que allí hay mucho más teatro. Ésa sería la principal diferencia. Aquí hay cosas muy buenas, regulares y muchas aburridas. Allí también, pero en más cantidad. Aquí me ha encantado 'Veraneantes' y también vi 'Delicadas'.'Algo de ruido hace' | Varios escenarios | Dirección: Lautaro Perotti | Intérpretes: Eloy Azorín, Santi Marín y Fernanda Orazi | En cartel del 21 de mayo al 3 de junio
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El actor Eloy Azorín. (Jorge París)
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El Festival de Otoño en Primavera pasa por el Teatro Pradillo
Con motivo de la XXVIII edición del Festival de Otoño en Primavera, el Teatro Pradillo de Madrid acoge dos obras, ambas en estreno absoluto.
Arranca el 11 de mayo la nueva edición del Festival de Otoño en Primavera, cuya programación consta de 32 espectáculos de teatro, danza, música, circo… Cuatro son estrenos absolutos y dos de ellos serán presentados en el Teatro Pradillo en los meses de mayo y junio.
Al menos dos caras es la nueva pieza de la compañía Projects in Movement, dirigida por el prometedor bailarín y coreógrafo israelí Sharon Fridman. “Los objetivos principales de nuestro trabajo, dice Fridman, son la investigación, el aprendizaje y el desarrollo del lenguaje físico y, mediante esta búsqueda, la creación de un espacio virtual donde el público puede ver, sentir e imaginar”. Al menos dos caras es una obra para dos bailarines (el propio Sharon Fridman y Arthur Bernard Basin, ganador de los galardones Málaga Crea e Injuve 2009) y un actor, que se buscó activamente a través de las redes sociales.
Projects in Movement es un grupo de danza contemporánea formado en el año 2007 y afincado en Madrid cuyos trabajos han traspasado nuestras fronteras y han podido verse en países como Italia o Reino Unido. En septiembre de 2010, la compañía fue invitada a disfrutar de una residencia artística en el Centro Coreográfico La Gomera, donde desarrolló el espectáculo que presentará en el Teatro Pradillo del 27 al 29 de mayo.
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EL PAÍS REPORTAJE
SERGIO C. FANJUL - Madrid - 26/02/2011
Metatarso recrea el mundo sentimental de la legendaria pareja de forajidos
- Clyde, ¿nos van a matar, verdad?
- Sí, Bonnie.
Los legendarios Bonnie Parker y Clyde Barrow, o simplemente Bonnie & Clyde, célebres atracadores y asesinos durante los años treinta, fueron unos de los primeros criminales en instalarse en el imaginario colectivo como icono pop. Sus atracos y tiroteos, sus asesinatos, las persecuciones por carreteras secundarias del sur de EE UU fueron relatados minuciosamente por los periódicos de la época y seguidos con gran interés por la ciudadanía. Pero ¿cómo fue su vida íntima? Nadie lo sabe a ciencia cierta. La vida imaginaria de Bonnie & Clyde, de la compañía teatral Metatarso (se puede ver en el teatro Pradillo hoy y mañana, y la próxima semana de jueves a domingo), es una aproximación a la peripecia sentimental de la pareja de forajidos.
"Su historia siempre me ha fascinado", explica el director Darío Facal. "Hay mucha cultura popular alrededor de ellos y también mucha información, acceso a elementos documentales: fotografías, informes, recortes de prensa, archivos desclasificados... El hecho de que esa historia ofreciera diferentes frentes me pareció un buen punto de partida para hacer un documental-collage poético que resultase en un trabajo escénico". Facal y el poeta Peru Saizprez, coautor del texto, solicitaron al FBI los informes de la época, que sirven como espinazo de la obra.
Es en esos textos, leídos por Ledicia Sola (interpretando a Bonnie) y Juan Carlos Vellido (a Clyde), donde se narran las violentas aventuras de la pareja. Lo que se ve en escena es otra cosa: el amour fou, la obsesión con la muerte y su certeza, la desesperación y el miedo, el pueril orgullo al comprobar cómo su fama aumenta en los periódicos. Unos posibles, imaginados, Bonnie y Clyde de carne y hueso viviendo frenéticos en el atolladero.
Para ello Facal se sirve de varios elementos que confluyen en escena. El más presente es, quizás, la música (siempre importante en las producciones de Metatarso), esta vez en directo. El músico Javier de Prado va desgranando atmósferas fronterizas y blues herido a voz y guitarra, grabando loops en directo, interaccionando con los actores que incluso interpretan alguna canción desgarrada. Proyecciones, piezas de animación de la época, poemas visuales, una colorida máquina tragaperras y hasta un coche teledirigido se suceden en esta obra ágil que va da dando pequeñas sorpresas al espectador. Se recita también un poema de Bonnie Parker: "es otro de los elementos que me impulsó a emprender este proyecto. Bonnie dejó una serie de poemas extremadamente sugerentes, leídos con atención dicen mucho de cómo ellos se podían sentir", dice Facal. "La intención es explorar cómo el lenguaje teatral y la cultura de masas inevitablemente están condenados a manipular y traicionar la historia. Cualquier personaje por el hecho de ser un personaje es una construcción mental y probablemente cultural. No podemos evitar mirar a Bonnie y Clyde como un mito romántico, como ya hace la película de Arthur Penn. Pero en su momento Bonnie y Clyde no eran eso".
En efecto, la producción cultural inspirada en el mito de la pareja es extensa, multitud de películas entre las que destaca la citada Bonnie & Clyde (1967) de Arthur Penn, protagonizada por Warren Beatty y Faye Dunaway, y también multitud de canciones, como la homónima Bonnie & Clyde, a dúo entre Serge Gainsbourg y Jane Birkin, las más conocidas.
Como los que ahora nos aprietan, estos forajidos sufrieron tiempos de crisis en plena Gran Depresión. "Implícito en el trabajo está el hecho de cómo la situación económica y social generan márgenes morales en los cuales nos movemos", explica Facal.
Bonnie y Clyde fueron acribillados en una carretera de Luisiana, sorprendidos en una emboscada policial a bordo de su Ford V8. Era el año 1934 y los agentes vaciaron los cargadores de sus armas en una tormenta de plomo.
La vida imaginaria de Bonnie & Clyde. Teatro Pradillo. Hoy y mañana y de jueves a domingo.
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La ficción como terapia
ROSANA TORRES 12/09/2010
La semana por delante TEATRO
Discípulo aventajado de Ricardo Bartís, Juan Carlos Gené y Rubén Szuchmacher, con quien además estudió dirección, Pablo Messiez es de esos creadores (actor, dramaturgo, autor y director) que llegan para tomar relevo o aumentar la nómina de un puñado de teatreros argentinos que están cautivando al público español, como Daniel Veronese o Claudio Tolcachir (no perderse su montaje sobre Todos eran mis hijos, de Arthur Miller en el Teatro Español).
Ellos mismos han dicho de Messiez: "Un encantador de espectadores que abre mundos, los arma oscuros pero a la vez luminosos; no copia, no sigue modas, produce con extraña sensibilidad y potencia lo que dicta su corazón", según Veronese, con quien ha trabajado varias veces. Su colega Tolcachir afirma: "Siempre es excitante acercarme a la mirada de Messiez porque es necesario que alguien nos ayude a cambiar el foco y ver lo que estaba frente a nuestros ojos pero transformado en algo profundamente humano y teatral". En cualquier caso estamos ante un más que atractivo fenómeno escénico.
Con Muda, que vuelve al Teatro Pradillo, donde fascinó a principios de año, nos cuenta la historia de Ana, quien sale de una situación de vértigo existencial a través de ficciones propias, ajenas, involuntarias y premeditadas. Un espectáculo con el que comprendemos hasta qué punto la ficción nos puede devolver la paz perdida, la salud deseada y en el que podemos ver el trabajo de tres grandes actores: Fernanda Orazi, Marianela Pensado y Óscar Velado.
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— Fragmento de la obra "Susana en el agua y con la boca abierta" Escrita y dirigida por Maria Fernanda Orazi y protagonizada por Mey-Ling Bisogno y Marianela Pensado.
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